Vanitas, Jacques Linard, 1600-1645, Museo del Prado. Madrid.
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domingo, 17 de marzo de 2013

Reflexionando Sobre Nuestras Acciones con el Sabio Shakespeare


El Hombre ha sido motivo de estudio para sí mismo. Siempre hemos querido saber lo que somos. Primero fue la filosofía la que quiso cuestionarse acerca del ser humano, luego aparecieron sus hijas, la antropología, la psicología, la sociología, la psiquiatría, el psicoanálisis, entre otras, las que intentan dar respuesta a esta pregunta y comprender qué somos. Un antiguo filósofo visionario, logró decir, desde hace mucho, cómo es que estamos conformados. Se dio cuenta que nos guían tres clases de conducta que él llamó concupiscente, irascible y racional, es decir, la conducta guiada por el deseo, el sentimiento y la razón. Platón logró develar la esencia del Hombre, después de él se repite el patrón tripartito del ser humano, hasta llegar al siglo XX, con el padre del Psicoanálisis Sigmund Freud, quien divide al Hombre en ello, yo y superyó, y a la neurociencia moderna con el cerebro reptiliano, límbico y neocórtex. Platón decía que, para ser Hombres libres, era el comportamiento racional el que debía dominar los comportamientos dados a partir de los deseos y los sentimientos y no dejarnos llevar, como esclavos, por los afectos.

Muchos Grandes Maestros del Pensamiento han concordado con el Enorme Platón, entre ellos Shakespeare, quien de su vasta y profunda obra, en Otelo, acto I, escena III, nos dice, en boca de Yago algo parecido: Si la balanza de nuestras existencias no tuviera un platillo de razón para equilibrarse con otro de sensualidad, la sangre y bajeza de nuestros instintos nos llevaría a las consecuencias más absurdas. Pero poseemos la razón para templar nuestros movimientos de furia, nuestros aguijones carnales, nuestros apetitos sin freno... El Genio del Enorme Shakespeare emparentado con el Enorme Platón. La razón está para equilibrar nuestras pasiones, sino seriamos como animales, seres que actúan por impulsos naturales. Si nos dejáramos llevar por los impulsos del momento cometeríamos muchos absurdos y luego llegaría el arrepentimiento. Pero afortunadamente poseemos la razón que nos ayuda a refrenar el enojo, el deseo y los apetitos. Es triste saber que pocas personas intentan actuar acorde a la razón y que son impulsivas y no controlan sus acciones o palabras. Platón se pronunció en el siglo IV a.c. y aun hoy no hacemos caso de sus enseñanzas. Ha habido un progreso a nivel científico y tecnológico pero a nivel de las acciones humanas no ha habido mucho progreso.

Deberíamos hacer caso de las enseñanzas de Shakespeare quien recomienda la razón para refrenar nuestros más bajos comportamientos y actitudes para con nosotros, los demás y la naturaleza.

sábado, 5 de enero de 2013

Reflexionando Sobre la Interpretación con el Sabio Shakespeare


Shakespeare fue un hombre brillante. De sus obras se deduce que fue un profundo conocedor de la condición humana. La forma de transmitir sus conocimientos a sus contemporáneos fue por medio del teatro y lo hizo de tal forma, que no solo se los transmitió a sus contemporáneos si no que los legó eternamente a la humanidad.

En su obra Julio Cesar, en la escena III del acto I, Cicerón, el Senador y filósofo, dice a Casca las siguientes palabras: ...pero los Hombres pueden interpretar las cosas a su manera, en sentido contrario al de las cosas mismas. ¡Qué gran conocimiento acerca de la condición humana por parte de Shakespeare, Gran Maestro de la humanidad! ¡Los Hombres interpretan las cosas a su manera, contrario a las cosas mismas! El ser humano percibe el mundo por medio de sus sentidos y luego hace el ejercicio intelectual de interpretarlo y comprenderlo. ¿Qué sucede en nuestra mente (que es producto de nuestro cerebro) al momento de comprender el mundo? Por nuestros sentidos captamos el mundo, por nuestro intelecto lo comprendemos. Desde antiguo los pensadores (de tendencia racionalista contraria a la tendencia empirista) han enseñado que los sentidos no son fiables, que nuestros sentidos nos engañan. ¿Qué significa esto? Nuestros sentidos perciben el mundo tal como se presenta ante ellos, pero nuestro intelecto debe ver más allá de nuestros sentidos. ¿Cómo es esto? Podemos poner como ejemplo el sistema astronómico. La ciencia enseña, y todos lo aprendemos desde niños, que la tierra se desplaza por el espacio en una órbita alrededor del sol y, además, a diario, gira sobre su propio eje. Nuestros sentidos nos muestran que es el sol el que se desplaza por el firmamento de oriente a occidente. Nuestros sentidos dicen que en el día no hay estrellas pues solo las vemos de noche, nuestro intelecto dice que en el día no vemos estrellas, no porque no estén sino porque la luz del sol, mucho más fuerte, las opaca. El ejemplo anterior es claro respecto de lo que perciben nuestros sentidos y lo que capta e interpreta nuestro intelecto. ¿Qué certeza tenemos entonces de que la imagen que tenemos del mundo es la correcta? Ninguna. La gente de la india antigua murió creyendo que la tierra era plana y que iba sobre la caparazón de una tortuga; la gente de la época medieval murió creyendo que la tierra era el centro del universo y que todo el cielo giraba alrededor de ella en ciclos y epiciclos; muchas tribus americanas antiguas murieron convencidos de sus dioses, hoy muere mucha gente convencida en la fe en Jesús-Dios; y tal vez nosotros moriremos convencidos de que el mundo es como nos lo han enseñado y transmitido en la escuela, universidad, libros o medios de comunicación, y más adelante aparezcan nuevas teorías y nuevos paradigmas.

Si nos adentramos más en la frase de Shakespeare entramos en el reino de la interpretación. ¿Qué es interpretar? Desde la antigüedad griega, los Hombres sabían que el mundo era complejo y que se requería de un don extra para poder captar el mensaje oculto, estaban los sacerdotes que interpretaban las señas y los signos que veían en la naturaleza y solo la interpretación de ellos era válida y eran consultados por los reyes y jefes de ejércitos; y también tenían la deidad especialista en recibir los mensajes del altísimo Zeus y transmitirlos, ya cifrados, a los humanos, Hermes para los griegos o Mercurio para los romanos. De ese dios se deriva el nombre de la ciencia de la interpretación, especialidad de algunos filósofos, la Hermenéutica. Lo que esta ciencia o arte nos dice es que debemos captar el mundo por nuestros sentidos pero, inmediatamente captado el mundo, debemos hacer el ejercicio intelectual de descifrarlo. No porque veamos una pareja salir de un motel quiere decir que necesariamente estaban en las lides del amor, tal vez son dos empleados en cambio de turno. No porque veamos a un hombre apuntando a otro con un arma es que lo va a robar, tal vez es la víctima que desarmó al victimario y está esperando que llegue la policía. Interpretar requiere de un proceso intelectual, no es solamente percibir por medio de los sentidos, si no analizar, preguntar, deducir, imaginar.

Las personas acostumbramos a interpretar las cosas a nuestra manera, de manera contraria a las cosas mismas. No caigamos en el error de creer que nuestra forma de ver el mundo es la correcta y que los demás están equivocados, tengamos la honestidad intelectual de argumentar nuestras ideas y de escuchar otros argumentos. No caigamos en el error de tener una mente estrecha, tengamos el interés intelectual de cultivar el conocimiento para ampliar nuestro horizonte. Cuando percibamos las cosas, indaguemos en las cosas mismas y profundicemos a partir de lo que ellas son y no de lo que nosotros pensamos de ellas, tengamos la honestidad intelectual de ver las cosas limpias de nuestros prejuicios que ciegan nuestra capacidad de interpretar el mundo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Reflexionando Sobre Nuestra Esencia con el Sabio Shakespeare

¿Quién era Shakespeare? ¿Un humano o un dios? Un humano enorme, que fue capaz de ahondar en las más profundas regiones del alma humana. Podríamos decir de él que es un semidiós. Solo uno de la estirpe divina es capaz de detallar de manera tan profunda y tan exacta al ser humano. ¿Cómo puede un mísero mortal conocer al Hombre? Conociéndose a sí mismo. Escudriñando en los meandros más recónditos y escondidos de su alma. Solo así podrá pretender conocer a los demás.

En una de sus más grandes tragedias, “El Rey Lear”, en el momento en que el protagonista presencia a un harapiento y sucio mendigo en una cueva, mientras afuera arrecia un fuerte temporal, pronuncia la siguiente frase: Tú eres el ser humano mismo. El hombre, sin las comodidades de la civilización, no es más que un pobre animal desnudo como tú. ¿Qué eres? ¿Qué soy? ¿Qué somos? El magno Shakespeare nos dice que, libres de las comodidades de la civilización, somos un animal desnudo. Cubrimos nuestros cuerpos con vestidos ¿Somos la ropa que portamos?, nos comunicamos por nuestros teléfonos móviles ¿Somos la tecnología que poseemos?, vivimos en apartamentos con lujos de ensueño ¿Somos el estrato que habitamos?, estudiamos para alcanzar un título profesional ¿Somos el cartón que nos certifica? ¿Qué somos? Si se nos quitan las cosas exteriores a nosotros ¿Qué queda? ¿Qué sería del monarca de una nación sin su cetro, ni su trono, ni su reino? ¿Qué sería del más grande empresario sin su empresa, ni sus millones, ni sus lujos? ¿Qué sería de la reina de belleza o de la supermodelo sin las cirugías, el maquillaje o los salones de belleza? ¿Qué es el Hombre? Desde la reflexión filosófica me atrevo a aventurar que el Hombre es una región vedada para sí mismo. Existen puntos, de la recta infinita, que son infinitos, (e, pi, fi ). Un punto infinito, eso es el Hombre.

Hemos desafiado la naturaleza y la hemos alterado. Excepto el Hombre, ningún animal usa ropas; excepto el Hombre, ningún animal elige profesión; excepto el Hombre, ningún animal acumula riquezas. En la condición del animal está adaptarse a la naturaleza, en la condición del Hombre está adaptar la naturaleza a él. El animal es complejo y sin embargo frente a nosotros parece simple, ya que la complejidad del Hombre se acerca al infinito. Nos creemos dueños de la naturaleza, y por nuestra arrogancia la estamos destruyendo. Lo escribimos en la Biblia. Dice el Génesis: “Y dijo Dios: hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra... y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.” ¿En qué momento dejamos de sentirnos parte de la naturaleza? ¿En qué momento nos autoproclamamos dueños del planeta? Hemos desplazado las especies de su hábitat y eliminado algunas de ellas, hemos acabado con los bosques, hemos ensuciado los ríos. Si supiéramos lo que somos, de seguro nos adaptaríamos a la naturaleza y viviríamos en comunión con ella. Lo hacen las tribus indígenas que viven en las selvas o los bosques, pero nos hemos llenado de lujos innecesarios que han transformado nuestra visión del mundo. ¿Qué seríamos sin los adornos que nos cubren? Lo dijo el gran Shakespeare, libres de las comodidades de la civilización, seríamos un animal desnudo. Somos un animal frágil que necesita de las arandelas superficiales, que nos adornan, para ser felices y fuertes. Sin esas arandelas ¿Qué somos? ¿No queda nada? Sí. Queda un animal desnudo.

sábado, 6 de octubre de 2012

Reflexionando Sobre el Derecho con el Sabio Shakespeare

En una obra de Shakespeare se encuentran infinidad de sabias enseñanzas que abarcan todo lo posible. ¿Qué decir de toda la obra Shakesperiana? Abarca el tiempo en su totalidad. En sus escritos no existe el pasado o el futuro porque todo es presente. Si dentro de diez millones de años existiera la humanidad, Shakespeare seguiría siendo actual (lo dicho anteriormente vale para Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides, y demás nombres que salen en estos escritos).


En su tragedia “la vida y muerte del rey Juan”, en la primer escena del acto segundo, en boca del rey Felipe, nos dice: “... el buen pensamiento de prestar atención a las violencias y ataques que se hacen al derecho. Una frase jurídica que toma vigencia en nuestro tiempo. Shakespeare, gran maestro del espíritu humano, nos pide que respetemos el derecho. Y no solo que lo respetemos, sino que lo ayudemos a proteger.


El derecho siempre ha sido motivo de estudio para las profundas mentes de la humanidad. Hay concordancia en que “el derecho es la norma que regula la conducta de los Hombres.” Es decir que los Hombres no sabemos comportarnos y necesitamos de algo que guíe nuestra conducta. Los seres humanos actuamos de acuerdo a nuestra voluntad y nuestra voluntad busca lo que es conveniente para nosotros sin importar lo que conviene a los demás. Es por eso que al vivir en comunidad  necesitamos de las normas para que permitan una sana convivencia y no pasemos por encima de los demás en nuestro afán de conseguir lo que queremos. Si las normas no van en contra de nuestros anhelos de buena vida en sociedad, debemos ser vigías de que el derecho no sea atropellado por aquellos que no han entendido que las normas están para armonizar la convivencia ciudadana, que de otro modo sería un caos, ya que cada quien haría lo que quisiera sin importar lo que los demás desean.



Reza una enseñanza popular “mis derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás”, es decir que, como no estoy solo, no puedo pretender que todo debe hacerse como yo quiero. He de pensar que si todos pensáramos así viviríamos en guerra de manera permanente y sería una guerra en la que los bandos cambiarían de manera constante. El derecho y las normas existen para encausar la conducta humana que, como un río, cuando se desborda, destruye todo lo que encuentra a su paso.

martes, 31 de julio de 2012

Reflexionando Sobre la Razón con el Sabio Shakespeare

¡El mundo está desquiciado! Esta es la queja que se hace Hamlet en la inmortal tragedia Shakesperiana. ¿Habrá cambiado la condición del mundo desde entonces? Parece que no. Los seres humanos somos sordos a las enseñanzas de los sabios. Ellos se han pronunciado acerca de lo que es realmente importante pero seguimos más interesados en lo banal y superficial. ¿A qué se debe nuestra sordera? Se debe a que somos seres emocionales o afectivos y no seres racionales. 

La razón es una meta que se debe alcanzar con ejercicio diario: El ejercicio de la reflexión sobre nuestros actos, ser conscientes de cada decisión que tomemos y alimentarnos un poco de la sabiduría clásica para nutrir nuestro pensamiento. Si nos dejamos guiar por nuestras emociones, de seguro vamos a cometer muchos errores y algunos de ellos podrían llevarnos a mal fin, pero si sopesamos nuestras decisiones podremos encontrar una buena ruta a buen puerto. ¿Será contraproducente la razón si desde antiguo los sabios la recomiendan?