Vanitas, Jacques Linard, 1600-1645, Museo del Prado. Madrid.
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sábado, 3 de noviembre de 2012

Reflexionando Sobre las Reacciones con el Sabio Don Quijote

Dicen que Don Quijote es un loco. Creo que en el mundo debería haber más personas como Hamlet o El Quijote. Personas comprometidas consigo mismas en ser diferentes del común y en enseñar a los demás, con sus acciones y sus pensamientos, que el mundo no es como lo ve la mayoría si no que puede ser distinto.

En el capítulo XIV del segundo libro dice Sancho, escudero de Don Quijote, al Caballero del  Bosque lo siguiente: “...aunque lo más acertado sería dejar dormir su cólera a cada uno, que no sabe nadie el alma de nadie... Esta vez es Sancho quien nos sorprende con su sabiduría. “Nadie sabe el alma de nadie.” ¿Qué nos quiere decir el fiel escudero del Ingenioso Hidalgo? Si nadie sabe el alma de nadie quiere decir que nuestras almas son distintas, ya que si fueran iguales, yo sabría el alma de los demás porque serían como la mía. Pero como nuestras almas son distintas, entonces hay diversidad de pareceres, caracteres, actitudes, y al haber diversidad, debe haber almas muy buenas, buenas, regulares, malas y muy malas, es decir una gama amplia de comportamientos. Y por ser el alma la suma de aquel mundo interior que me hace ser lo que soy, (es decir miedos, anhelos, ilusiones, deseos, temores, acciones, pensamientos, etc.) y mis caracteres físicos lo que los demás perciben de manera directa (es decir mi exterior), por eso es más difícil conocer el alma. Por eso nadie sabe el alma de nadie. Mi interior es impenetrable. Solo es dado a conocer a los demás por medio de la conversación o por medio de mis acciones (y solo lo podrá hacer una persona que sepa interpretar el lenguaje). Es por eso que Sancho manifiesta que es mejor dejar dormir su cólera a cada uno, porque no sabemos cómo va a reaccionar cada persona. Hay temperamentos calmados que en un momento de acorralamiento estallan en un desbordamiento destructivo de ira o hay temperamentos tempestuosos que simplemente reaccionan de la manera a que todos están acostumbrados y el asunto pasa sin desmanes. Además la frase de Sancho nos enseña que desconocer el alma de los otros es no saber el por qué de sus reacciones. Y si no sabemos el por qué de sus reacciones no debemos entrar a hacer juicios de sus actos. No todo el mundo va a reaccionar de la manera que yo lo hago y no tengo por qué pensar que la manera en que yo reacciono a determinada situación es la manera en que todos deberían reaccionar.


El mundo es diverso y algunos dicen que es el mejor de los mundos posibles (Leibniz), que si el mundo fuera de una sola tonalidad sería un mundo aburrido. Es por eso que debemos aprender a soportar y  tolerar a los demás. Y, si tengo un poco de paciencia, a conocerlos y comprenderlos. En cada una de las personas hay un universo por explorar y en esta exploración se dan las diferentes relaciones que son la esencia del mundo natural y social.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Reflexionando Sobre la Suerte con el Sabio Eurípides

Escribe Werner Jaeger, el gran helenista del s.xx, en su obra Paideia, que Eurípides es el inventor de la psicología y el gran escrutador del alma humana. Fue capaz, en su obra, de reflejar al Hombre tal como es. Dicen que se escondía en la soledad de una cueva a orillas del mar a ahondar en las profundidades del alma humana y a pensar y escribir sus tragedias.


En su obra Medea, escribe en boca del ayo (cuidador de los hijos de la protagonista) lo siguiente: “toca al mortal llevar con buen ánimo las vueltas de la suerte”. Sabias palabras las de Eurípides. La existencia humana es fortuita. Desde nuestro nacimiento hasta nuestra final partida somos títeres del destino. Eurípides lo sabe y nos recomienda que conservemos el buen ánimo ya que, entre la angustia y la serenidad es mejor la última porque nos permite observar con cabeza serena la situación que bajo otra actitud nos agobiaría y nos haría tomar decisiones erróneas y aceleradas.


Por ser afectivos le damos sentido a las cosas que nos pasan. Creemos que la felicidad y la vida son para siempre, y cuando el destino nos recuerda que no es así y que tanto la vida como la felicidad son frágiles y efímeras, entramos en terror pánico, la angustia nos invade y sentimos la presencia y el peso de la nada. La idea del sufrimiento nos hace cobardes y queremos que no se acerque a nosotros ni a nuestros seres queridos, queremos habitar una burbuja de placer. Pero la realidad es otra y debemos aceptarla. Somos frágiles y efímeros y nuestro diario vivir transcurre bajo el vaivén de la fortuna. No siempre todo sale como queremos y nos puede suceder lo impensable. ¿Y qué hacer cuando nos toque? La reacción recomendable es la del Sabio Eurípides “Llevar con buen ánimo las vueltas de la fortuna” y él lo dice como un imperativo: “toca”. No hay de otra. La mejor elección es esa. Si sabemos que lo que nos afecta nos puede llegar a suceder, debemos estar preparados para cuando suceda y llevarlo con buen ánimo.