Vanitas, Jacques Linard, 1600-1645, Museo del Prado. Madrid.
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domingo, 10 de marzo de 2013

Reflexionando Sobre la Incertidumbre con el Sabio Eurípides


Somos seres que percibimos el mundo. Nuestros sentidos nos dan una idea de cómo es el mundo. Nos hacemos en nuestro intelecto una imagen del mundo. ¿Pero es el mundo la imagen que nos hacemos de él? ¿Coincide el mundo externo con la imagen que proyectamos en nuestro interior? ¿Qué es lo real? ¿Sabemos qué somos o qué es el mundo? ¿Tenemos certeza de nuestros conocimientos? ¿Sabemos algo? ¿Es fiable nuestro intelecto?

El gran Sabio Eurípides nos hace reflexionar sobre la incertidumbre en su tragedia Ion. En la obra,  Creusa dice a su hijo Ion, perdido hace mucho tiempo y ahora encontrado, lo siguiente: Juguetes de la suerte, bogamos en un mar de incertidumbres. El Sabio logró ver lo que nadie más vio, logró vislumbrar la verdad. Somos ignorantes de todo y la única certeza que debemos tener es la certeza de nuestra ignorancia. Ya lo dijo otro gran Sabio, contemporáneo y admirador de Eurípides, padre de la filosofía, Sócrates: Solo sé que nada se. ¿Qué sabemos? Solo nos podemos acercar un poquito a la certeza en el instante presente. Sabemos qué ocurre en el momento en que lo estamos presenciando. De lo pasado sabemos lo que dicen pero puede ser un error basado en una mentira, ¿cómo corroboro lo dicho si dista mucho en el tiempo? De lo futuro sabemos lo que especulan y puede ser especulación sin fundamentos y por tanto puede ocurrir lo contrario a lo que se propuso. ¿Cómo corroboro lo que está por venir? ¿Y entonces qué pasa con la ciencia? ¿La ciencia nos da conocimientos ciertos? Si calentamos el agua a cien grados centígrados, hierve. ¿Es éste un conocimiento seguro? En apariencia, ya que la ciencia no nos dice cómo es el mundo sino que nos regala un modelo del mundo. La ventaja del conocimiento científico es que este modelo coincide con los hechos y asumimos que es conocimiento real, lo cierto es que existen varias explicaciones para un mismo evento y escogemos el que mejor entendimiento nos brinda. Hay personas que ante una enfermedad asisten a la iglesia, al curandero, al sanador o al médico y quíen puede decir qué lo curo. A lo mejor la enfermedad no era lo que se creía y su tiempo de vida era corto y se atribuye la sanación a otro tipo de situaciones como el haber rezado con fe o la eficacia del medicamento ó ¿qué son los placebos?

La naturaleza, el mundo, el cosmos es más de lo que vemos o percibimos. La ciencia, el gran conocimiento de la humanidad no nos dice lo que es el mundo. Einstein, el gran genio del S.XX lo afirma cuando dice en uno de sus escritos: toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil; y sin embargo es lo más precioso que tenemos. El genio lo sabía, la ciencia no es un conocimiento certero de la realidad. La realidad es inmensamente superior e inabarcable. 

sábado, 16 de febrero de 2013

Reflexionando Sobre la Realidad con el Sabio Platón


Platón, el discípulo de Sócrates, es una de las estrellas centrales del universo filosófico. Decía de él, con entera razón, Don  José Pijoán, en su breviario de la historia de la humanidad, “recordemos que Platón representa el mayor esfuerzo que ha hecho el espíritu humano en la esfera del pensamiento.”

En el diálogo Hipias Menor, o de lo falso, en Boca de su Maestro Sócrates, a quien le rindió respeto y admiración toda la vida, dice: La realidad se me escapa, no sé qué es ella. ¡La realidad! ¿Qué es la realidad? Toda la filosofía ha girado en torno a esta pregunta. Desde antiguo se ha querido asir la realidad pero ella constantemente se nos escapa. Creemos que el mundo es como lo percibimos pero ¿estamos seguros? Parménides, tal vez el gran abuelo de la Lógica, decía que la multiplicidad, el movimiento, la finitud, características que presenciamos, en el mundo actual y real, son una ilusión. Heráclito, padre del Devenir, decía que el constante cambio del mundo es lo real. Ya estos dos antiguos padres de la filosofía tenían ideas contrarias sobre la realidad. Los empiristas aseguran que el mundo es aquello que nuestros sentidos perciben y los racionalistas dicen que el verdadero mundo debe ser captado con la razón ya que los sentidos nos dan una imagen equivocada de lo que es real. El gran Kant nos deja perplejos cuando dice que una cosa es lo que vemos en el mundo y otra cosa es lo que el mundo es (la cosa en sí y la cosa para sí). Lo que se nos enseña es que lo que vemos del mundo es lo que nuestra subjetividad le agrega al mundo. Pero todavía queda lo que son las cosas desnudas del arraigo de nuestra subjetividad. Si esto dicen estos grandes maestros del mundo objetivo ¿qué decir de los hechos a nivel humano? Un humano es un ser complejo, por lo tanto la relación entre dos humanos es un hecho aun más complejo. Ni que decir de la complejidad de las relaciones sociales y del mundo en general. Entonces debería preguntarme ¿es cierto lo que creo de los demás? ¿Tengo juicios o prejuicios? ¿Mis ideas de los demás son correctas o equivocadas? Y volvemos a la pregunta del principio ¿Qué es la realidad? Volviendo a las cosas, a la naturaleza, al mundo, la física plantea que los umbrales de la realidad última se pierden entre los límites de los átomos y la energía. Si hay algo cierto es que el mundo no es como lo percibimos. Lo que sí es cierto es que nos hemos puesto de acuerdo en cómo nombramos el mundo y hemos convenido en que el mundo es de una forma específica que nos permite comunicarlo y nos permite relacionarnos con él.


La realidad se nos escapa, no sabemos lo que es. Vamos por la existencia, y por los fragmentos del tiempo que nos corresponde en la historia, ignorantes de la realidad, del mundo y de las cosas. La realidad es difícil de asir, de sujetar, de encerrar. Por esa característica de la realidad es que existe la ciencia y existen tantas teorías científicas que intentan explicarla, por esa característica de la realidad es que existen el arte, la religión, la filosofía y demás manifestaciones del espíritu humano. Ya lo vio el gran maestro Platón, grande entre los grandes y sabio entre los sabios, la realidad se nos escapa y no sabemos lo que ella es.

sábado, 2 de febrero de 2013

Reflexionando Sobre la Ignorancia con el Sabio Séneca


La filosofía es de las cosas más bellas que le ha podido pasar a la humanidad. Si la filosofía se antepone al conocimiento en general, tendremos un mejor proceder con aquello que conocemos. Dentro de la bastedad de la filosofía existen campos que son sublimes, etéreos, puros. El estoicismo, una parte de la filosofía que nos indica como soportar los vaivenes de la fortuna, es una muestra de aquellos campos filosóficos que embellecen la existencia.

Séneca, uno de los representantes del estoicismo romano, dice en su tragedia Edipo, en boca de su protagonista, lo siguiente: La ignorancia es remedio ineficaz contra los males. Un hombre Sabio conocedor de los males que aquejan a la humanidad. No solo la ignorancia es un remedio ineficaz contra los males sino que es uno de nuestros mayores males. Y, contrario a la ignorancia, el conocimiento es la solución a muchos de nuestros males (por lo menos de aquellos que no son causados por el conocimiento). Pero el Sabio sabe y el conocimiento por sí solo no es solución a nuestros males, sino que la solución es aquello que hagamos con el conocimiento, es decir la sabiduría. Desde antiguo los filósofos han aconsejado que la solución a los males que se nos presentan es el conocimiento y que la ignorancia es lo peor que nos aqueja. Para el Maestro Sócrates, padre de la filosofía, conocimiento es sinónimo de virtud. El conocimiento no debe ser solamente la acumulación de información y datos útiles o inútiles sino el saber actuar con aquellos datos, si conocimiento es sinónimo de virtud debe ser algo muy cercano a la sabiduría. A veces se nos presentan situaciones que requieren ser solucionadas, si carecemos del conocimiento necesario para dar solución a los problemas entonces seguiremos con el problema presente y tal vez el problema desemboque en una situación que empeora nuestra vida y al final lamentaremos no haberlo solucionado y no haber tenido el conocimiento requerido. Si poseemos el conocimiento para dar solución a un problema pues se nos facilita la vida ya que daremos solución al problema y nuestra vida será más simple. A veces se nos presenta un inconveniente y debemos acudir a aquellos quienes poseen el conocimiento especializado para buscar la solución, es difícil poseer todo tipo de conocimiento ya que el conocimiento es muy amplio y nuestra capacidad de almacenamiento es limitada. A veces se nos presenta un conflicto y tenemos el conocimiento para solucionarlo pero no sabemos emplearlo, es ahí cuando necesitamos el acopio de la sabiduría. Con sabiduría el conocimiento se vuelve solución, sin sabiduría el conocimiento acrecienta el problema. A veces el conocimiento no soluciona algunos problemas, ahí debe estar presente el saber de que no siempre conocer soluciona y lo que hay saber es que hay situaciones no solucionables. Frente a estas situaciones el mejor conocimiento es la Sabiduría del Estoicismo. Saber que hay eventos no solucionables y que debemos aprender a convivir con ellos es el mejor conocimiento al que debemos aspirar.


En definitiva la ignorancia es remedio ineficaz contra los males, el conocimiento es remedio eficaz contra los males y la sabiduría es la solución a nuestra frágil  y conflictiva existencia. Sin sabiduría no hay conocimiento eficaz, con sabiduría todo conocimiento se hace solución. El Estoicismo es una invitación a una existencia serena y a ver los hechos como acaecen y no como quisiéramos que ocurrieran.

domingo, 27 de enero de 2013

Reflexionando Sobre la Razón con el Sabio Spinoza


La racionalidad es un ejercicio, una práctica diaria. No nacemos racionales, nacemos con la capacidad de potenciar la racionalidad. Lo que si se nota a leguas son las características que nos gobiernan: el afecto y el deseo. Somos seres afectivos y de necesidades. Como dice Spinoza “El deseo es la esencia misma del Hombre.” O “El Hombre está sujeto siempre, necesariamente, a las pasiones.” Deberíamos buscar la forma de maximizar nuestra capacidad racional y automáticamente tendríamos el mejor de los mundos posibles. La razón evitaría la violencia, la injusticia, la ignorancia.

En su Ética, en la parte cuarta, en el escolio de la proposición XLVII, Spinoza dice: cuanto más nos esforzamos en vivir según la guía de la razón, tanto más nos esforzamos en no depender de la esperanza, librarnos del miedo, tener el mayor imperio posible sobre la fortuna y dirigir nuestras acciones conforme al seguro consejo de la razón. ¡El profeta de la razón, convencido y seguro de los dones de su diosa! Desde antiguo, Platón nos ha sugerido que, para ser mejores personas, la razón debe dominar nuestros deseos y pasiones (o pulsiones). Si dejamos que nuestras acciones sean guiadas por el deseo o el afecto entonces seremos arrastrados por el ímpetu y no nos tomaremos un tiempo para pensar y calcular nuestras acciones. Si no se piensa para actuar, no calcularemos los daños que se puedan generar a partir de nuestros actos y posiblemente perjudiquemos a otros, ya que los actos de deseo y de pasión son actos egoístas porque van en busca del beneficio personal y no del colectivo. Pero miremos los beneficios de la razón: no depender de la esperanza, librarnos del miedo, tener el mayor imperio posible sobre la fortuna y dirigir nuestras acciones conforme al seguro consejo de la razón. Miremos cada uno de estos beneficios: 1) No depender de la esperanza, es decir no esperar lo que no sabemos si va a llegar y no esperar imposibles ya que racionalmente hemos guiado nuestras acciones y hemos hecho lo posible por alcanzar nuestros logros. En ocasiones la esperanza es pereza ya que no nos esforzamos al máximo de nuestras posibilidades y esperamos un golpe de la fortuna para salir beneficiados. En el mundo están las cosas que dependen de nosotros y las que no, a las que dependen de nosotros debemos tenerlas en nuestra mira y hacer lo posible para que se consoliden y las que no dependen de nosotros debemos dejar que sucedan y aceptarlas ya que no está en nuestro ser haberlas realizado. 2) librarnos del miedo, es decir no temer. La razón nos indica que en este mundo nos suceden cosas, a las que nos convienen las llamamos buenas y a las que no, malas. Pero en la vida, ambas nos suceden a menudo, y las que nos convienen nos causan felicidad, alegría, dicha y las que no, nos causan tristeza, angustia, temor. Sentimos temor por aquellas cosas que desconocemos y que nos pueden causar daño, pero si hacemos el ejercicio racional y nos damos cuenta que estamos prontos a experimentar un hecho causal, pues no debemos temer porque es un hecho provocado por nuestras acciones y nos pasa aquello que provocamos, pero si estamos próximos a experimentar un hecho casual tampoco debemos sentir temor ya que es un hecho que no depende de nosotros sino que es independiente de nuestra voluntad y aquellas cosas deben ser aceptadas por nosotros ya que pasan en el mundo y no escogen cuando pasan ni a quien le deben pasar. 3) tener el mayor imperio posible sobre la fortuna, es decir que aceptamos aquellas cosas que pasan y que no están en nuestro haber que pasen, porque son cosas que suceden porque sí y no por algún designio ultraterreno o con alguna intención o significado, además las cosas suceden pero la actitud racional nos permite actuar de acuerdo a esas situaciones de la manera más óptima que podamos actuar. 4) dirigir nuestras acciones conforme al seguro consejo de la razón, es decir pensar antes de actuar, tomarse un tiempo para meditar nuestras acciones y calcular sus alcances. Mirar dentro del abanico de posibilidades cual es el más benéfico a seguir y el que causa menos daño a mí y a los demás.

Spinoza es el profeta de la razón. Si la razón es una religión, él es su más alto profeta y uno de sus mártires (fue atacado a cuchillo por sus ideas) ya que encamina la razón a nuestras acciones diarias con más claridad que otros filósofos (al mejor estilo de Sócrates, quien sería a mí parecer la razón hecha carne), también defensores y seguidores de la actitud racional. Si queremos vivir de manera tranquila en este mundo turbio y complicado debemos comenzar a practicar la racionalidad para lograr la paz y la tranquilidad mental que lograron personas como Sócrates y Spinoza.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Reflexionando Sobre la Muerte con el Sabio Séneca

El Sabio Séneca, que hace reflexiones que alimentan el espíritu más que el intelecto, el que nos regocija en nuestro interior, nos enseña constantemente a no temer a la muerte. El no sintió temor en su momento final (como pocos grandes Hombres) y aplicó triple suicidio, por orden del emperador Nerón, (era la sentencia en la época) sabiendo que con uno bastaba.

En su tragedia Las Troyanas, por boca de Helena, dice: deseable muerte es morir sin temor de la muerte. ¡Qué gran Maestro! Tememos a la muerte, es un hecho. Eludimos su recuerdo en nuestras conversaciones. La evitamos en nuestro pensamiento y su sola mención nos aterroriza. Aun cuando alguien anciano está por irse, no lo aceptamos sabiendo que es natural que ocurra. ¡La muerte!, que tema tan difícil. Pero ahí están los Sabios para nutrirnos con su Sabiduría. En esta ocasión es Séneca, quien nos dice que es deseable morir sin temor de la muerte. ¿Deseable morir? Sí, ¡deseable morir! Y no es una invitación al suicidio. No. Es una reflexión sobre la vida y sobre la belleza de la existencia. Existe un proceso natural (biológico o fisicoquímico) que se llama vida. Y este proceso es finito, es decir tiene principio y final. Si nos ponemos a pensar, no somos conscientes de nuestro nacimiento y, si somos más profundos, tampoco de nuestra muerte, ¿o es que alguien es consciente del instante en que se queda dormido? Sabemos, cuando nos acostamos, que nos vamos a quedar dormidos, pero no sabemos el momento exacto en que ocurre. Y cuando estamos dormidos,  no sabemos que dormimos. Somos conscientes del acto de dormir antes y después, es decir en nuestro estado de vigilia. Lo mismo ocurre con la muerte. Somos conscientes de que va a ocurrir pero no sabemos en qué momento. Y cuando estemos muertos no vamos a saber que estamos muertos. El Sabio Epicuro, fundador del epicureísmo, enseñaba: “Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros, porque todo bien y todo mal residen en la sensación y la muerte es privación de los sentidos.

La muerte es el origen de nuestras reflexiones filosóficas y también de nuestras religiones. Hay quienes dicen que el fenómeno de la muerte es el origen de Dios. La muerte da nacimiento al arte y a la ciencia. ¿Qué decir del primer libro conocido por la humanidad, el poema de Gilgamesh? Es una entera reflexión sobre la muerte. Cuando los dioses crearon a los Hombres decretaron que estaban destinados a morir. Si somos creyentes del Dios de los cristianos, asumimos que la Biblia es escrita por Él y que en ella están sus enseñanzas. En el libro sapiencial Eclesiastés dice: Más vale ir a casa de luto que ir a casa de festín... El corazón de los sabios está en la casa de luto, mientras el corazón de los necios en la casa de alegría. (Es palabra de Dios). Sócrates, en la apología escrita por Platón, dice que quien teme la muerte se cree sabio sin serlo, porque nadie sabe que hay después de morir, la vida eterna o la nada, y ninguna debe ser temible. Y entre los Sabios modernos tenemos enormes ejemplos. Uno de ellos, el enorme Einstein, enfermo de una hemorragia interna, rechazó la cirugía diciendo: Quiero irme cuando quiero. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida. He hecho mi parte, es hora de irse. Yo lo haré con elegancia.Y murió a la edad de 76 años. Otro, el gigante Wittgenstein, enfermo de cáncer de próstata, rechazó el tratamiento y dijo a su médico que dijera a sus amigos: Diles que mi vida fue maravillosa. Y murió a la edad de  62 años. Ya en sus escritos había dicho: Así, pues, en la muerte el mundo no cambia, sino cesa... La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive.

Si hacemos el ejercicio estoico de pensar de manera distinta a como lo hacemos, y ver lo trágico como natural, comenzaremos a ver la muerte como una compañera permanente y como una sabia consejera para tomar decisiones importantes en nuestra vida. Aprendamos de los sabios a ver la muerte, la nuestra y la de nuestros seres queridos, como un proceso natural para que cuando lleguemos al momento final no temamos sino que aceptemos que nuestra vida tiene un principio y un fin. Y ante la inmanencia de la muerte apreciemos la belleza del instante.

sábado, 20 de octubre de 2012

Reflexionando Sobre los Juicios con el Sabio Sófocles

En la enorme obra Edipo Rey, el gran Sófocles nos hace reflexionar de manera permanente. Una de sus profundas frases, que educa a quien lee a conciencia, dice lo siguiente: “...juzga tú solo con conocimiento de causa”. Algunos dicen que Edipo Rey es una obra policíaca en la que nos enfrentamos a un misterio que se va develando poco a poco. El misterio es  el origen de la peste que azota al pueblo de Tebas, producida por haber aceptado a Edipo como rey. La historia de Edipo es compleja ya que resulta asesinando a su padre y casándose con su madre, todo esto sin saberlo. Era el destino al que estaba sometido desde antes de nacer. Cuando se entera de los sucesos, se castiga a sí mismo cegándose de manera cruel.


En esta obra de carácter investigativo, está esta frase que es acorde con cualquier proceso que esté encaminado a la búsqueda de la verdad, “juzga tu solo con conocimiento de causa”. Estamos acostumbrados a opinar sobre todo tema, del que sabemos y del que no. Pero nos enseña el Maestro Sófocles que solo debemos juzgar de aquello que conocemos. Recordemos la enseñanza de otros dos Sabios Maestros que han reflexionado, uno sobre la opinión y otro sobre los juicios. El primero es Platón, que ya en el año 400 a.c. decía que había dos grados de conocimiento: la ignorancia y la ciencia. A la ignorancia la dividía en creencia y opinión y a la ciencia la dividía en razón e intuición. Y enseñaba que era más fiable hablar bajo el dominio de la ciencia que del de la ignorancia, es decir que debíamos evitar hacer opiniones ya que es mejor hablar con certezas. El segundo es Jesús, el Nazareno, que en el año 30 d.c. enseñaba a sus oyentes y seguidores a no juzgar. ¿Por qué? Jesús era sabio y comprendía que la mayoría de nuestros juicios se basaban en opiniones. Es diferente hablar de un tema ignorando en qué consiste, que con conocimiento de causa. Pero acertamos más en nuestros comentarios si los basamos en el conocimiento de las cosas.

Recordemos la enseñanza de uno que fue más sabio entre los sabios, el Maestro Sócrates. Siendo quien era, padre de la filosofía, fue capaz de decir “solo sé que nada se.” Debemos procurar guardar silencio ante lo que desconocemos y hablar solo con el conocimiento de las cosas sobre aquello que se nos consulta.