Vanitas, Jacques Linard, 1600-1645, Museo del Prado. Madrid.
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sábado, 23 de marzo de 2013

Reflexionando Sobre los Hechos del Mundo con el Sabio Wittgenstein

Existen personas que han sido sorprendentes. No parecen de este mundo, precisamente porque son diferentes del común de los mortales. Normalmente las personas aspiran a la riqueza y a la gloria, en diferente grado unos de otros, pero es común que algunos anhelos humanos tiendan hacia esa meta. Un personaje que nació en cuna de oro y que escribió un libro que cambió el rumbo del pensamiento filosófico y que fue codiciado por las mejores universidades de la época, renunció a la riqueza material y a la gloria mundana y de esta manera alcanzó, en vida, riqueza espiritual y, en la muerte, la gloria perpetua. Hablo del místico y filósofo Ludwig Wittgenstein, quien logró en vida lo que pocas personas han logrado, cautivar al mundo con su pensamiento y logró después de su muerte entrar a las páginas inmortales de la historia de la humanidad y del pensamiento.

En un corto, pero enorme libro, que lo contiene y lo explica todo, el Tractatus logico-philosophicus, Wittgenstein escribió lo siguiente: El mundo es independiente de mi voluntad. (Proposición 6.373). El mundo ocurre independientemente de mis deseos y anhelos. No importa lo que yo desee, sencillamente los hechos suceden. El Sabio Wittgenstein comprendió que el mundo ocurre de manera independiente de lo que queremos. Mi voluntad no afecta el mundo de manera esencial, podrá afectarlo de manera accidental y mínima, por voluntad puedo matar una mosca o eliminar una planta, pero la esencia del mundo no se ve afectada por mí. Puedo querer que no ocurran inundaciones, terremotos, guerras, injusticias, pero ocurren y no puedo hacer nada para cambiar las ocurrencias del mundo y la voluntad de las personas. ¿Y esto qué significa? Significa que debo aceptar que las cosas suceden porque sí y no por alguna causa oscura, finalidad predeterminada o sentido oculto. Lo malo o lo bueno se convierten así en la manera personal de valorar aquellas cosas que suceden en el mundo y que me afectan de manera directa o indirecta. Si, como enseña Wittgenstein, aprendo que el mundo es independiente de mi voluntad, comenzaré a aceptar que las cosas suceden y no intentaré buscar un significado sino que aceptaré los hechos y viviré con resignación y sabiduría frente al ocurrir de las cosas. Aceptaré cualquier pérdida o ganancia como un accidente fortuito que, así como me pasó a mí, le pudo haber ocurrido a cualquiera. Comprenderé que ocurren hechos que hacen parte de la naturaleza y que es imposible que no ocurran, como la muerte, la injusticia, la violencia, la enfermedad, las catástrofes naturales y demás.


El mundo es independiente de mi voluntad y, por tanto, mi voluntad debe ser dependiente del mundo para poder aspirar a una vida vivida con sabiduría. Wittgenstein se convierte así en un representante del estoicismo en la modernidad.

sábado, 2 de febrero de 2013

Reflexionando Sobre la Ignorancia con el Sabio Séneca


La filosofía es de las cosas más bellas que le ha podido pasar a la humanidad. Si la filosofía se antepone al conocimiento en general, tendremos un mejor proceder con aquello que conocemos. Dentro de la bastedad de la filosofía existen campos que son sublimes, etéreos, puros. El estoicismo, una parte de la filosofía que nos indica como soportar los vaivenes de la fortuna, es una muestra de aquellos campos filosóficos que embellecen la existencia.

Séneca, uno de los representantes del estoicismo romano, dice en su tragedia Edipo, en boca de su protagonista, lo siguiente: La ignorancia es remedio ineficaz contra los males. Un hombre Sabio conocedor de los males que aquejan a la humanidad. No solo la ignorancia es un remedio ineficaz contra los males sino que es uno de nuestros mayores males. Y, contrario a la ignorancia, el conocimiento es la solución a muchos de nuestros males (por lo menos de aquellos que no son causados por el conocimiento). Pero el Sabio sabe y el conocimiento por sí solo no es solución a nuestros males, sino que la solución es aquello que hagamos con el conocimiento, es decir la sabiduría. Desde antiguo los filósofos han aconsejado que la solución a los males que se nos presentan es el conocimiento y que la ignorancia es lo peor que nos aqueja. Para el Maestro Sócrates, padre de la filosofía, conocimiento es sinónimo de virtud. El conocimiento no debe ser solamente la acumulación de información y datos útiles o inútiles sino el saber actuar con aquellos datos, si conocimiento es sinónimo de virtud debe ser algo muy cercano a la sabiduría. A veces se nos presentan situaciones que requieren ser solucionadas, si carecemos del conocimiento necesario para dar solución a los problemas entonces seguiremos con el problema presente y tal vez el problema desemboque en una situación que empeora nuestra vida y al final lamentaremos no haberlo solucionado y no haber tenido el conocimiento requerido. Si poseemos el conocimiento para dar solución a un problema pues se nos facilita la vida ya que daremos solución al problema y nuestra vida será más simple. A veces se nos presenta un inconveniente y debemos acudir a aquellos quienes poseen el conocimiento especializado para buscar la solución, es difícil poseer todo tipo de conocimiento ya que el conocimiento es muy amplio y nuestra capacidad de almacenamiento es limitada. A veces se nos presenta un conflicto y tenemos el conocimiento para solucionarlo pero no sabemos emplearlo, es ahí cuando necesitamos el acopio de la sabiduría. Con sabiduría el conocimiento se vuelve solución, sin sabiduría el conocimiento acrecienta el problema. A veces el conocimiento no soluciona algunos problemas, ahí debe estar presente el saber de que no siempre conocer soluciona y lo que hay saber es que hay situaciones no solucionables. Frente a estas situaciones el mejor conocimiento es la Sabiduría del Estoicismo. Saber que hay eventos no solucionables y que debemos aprender a convivir con ellos es el mejor conocimiento al que debemos aspirar.


En definitiva la ignorancia es remedio ineficaz contra los males, el conocimiento es remedio eficaz contra los males y la sabiduría es la solución a nuestra frágil  y conflictiva existencia. Sin sabiduría no hay conocimiento eficaz, con sabiduría todo conocimiento se hace solución. El Estoicismo es una invitación a una existencia serena y a ver los hechos como acaecen y no como quisiéramos que ocurrieran.

sábado, 19 de enero de 2013

Reflexionando Sobre la Existencia con el Sabio Job


Job, el antecesor bíblico del estoicismo, es uno de los Hombres sabios de la antigüedad hebrea. Su libro es uno de los sapienciales del antiguo testamento y sus páginas están llenas de enseñanzas que, estudiadas y reflexionadas, nutren el intelecto y favorecen la voluntad. Cada frase es un mundo infinito de sabiduría y el libro pulula en frases.

En su libro, en respuesta a Bildad de Súaj, Job dice: “¿No son bien poco los días de mi existencia?” (Job 10, 20) ¡Una verdad que aterra! Job reflexiona sobre la duración de nuestra existencia. Nuestra vida es efímera, no importa que vivamos lo máximo que pueda vivir un ser humano (cien años o un poco más). Si miramos la flecha del tiempo, desde el origen de la vida hasta nuestros días, nos damos cuenta que han pasado millones de años y los cien que vivimos no son nada, así nos parezcan mucho. Nuestra existencia es un parpadeo, un respiro, un instante. Lo dice Gustavo Adolfo Bécquer, el romántico y existencial poeta español del S XIX “Al brillar un relámpago nacemos y aun dura su fulgor cuando morimos, tan corto es el vivir”, lo dice el filósofo poeta argentino Jorge Luis Borges: “Ya somos en la tumba las dos fechas del principio y el fin”lo dice el estoico Marco Aurelio: “Breve es la vida para cada uno”. Somos de existencia efímera. Si calculamos el número de horas en un año, un segundo no es nada, si miramos los quince mil millones de años que dice la física acerca de la edad del universo, cien años no son nada. Tenemos un principio y un final, nacemos y morimos. Si somos afortunados y no sufrimos un accidente mortal, una enfermedad grave o un homicidio, nuestra vida se acaba de manera natural, viejos y ancianos, cansados, esperando el descanso obligatorio; si somos desafortunados, nos vamos jóvenes, hay quienes mueren desde el vientre o antes de tener consciencia de la vida. No importa la manera de morir, es nuestro común destino, nacemos y morimos, llegamos y nos vamos, iniciamos y finalizamos.

¿Y cómo vivimos esos cortos días de nuestra existencia? Es una tristeza que no sepamos vivir. Nuestra vida es corta y la desperdiciamos buscando absurdos e ilusiones. Como especie hemos inventado formas de vida social que han generado una vida de egoísmo donde unos cuantos acumulan la riqueza y el poder y los demás les servimos de medio para incrementar las riquezas. Esa misma forma social nos hace vivir trabajando toda la vida para poder subsistir en un mundo en donde lo que importan es el dinero y los títulos y nos olvidamos de contemplar el mundo y contemplarnos a nosotros mismos. Cometemos el error de no maravillarnos frente la vida, de no extasiarnos ante la naturaleza, de no embelesarnos con la belleza, de no embriagarnos con la existencia. Vamos por la vida como una veleta empujada por el viento en vez de ser los guías de nuestro propio barco a motor. Dejamos que se nos impongan los ideales sociales absurdos y ajenos a nosotros y no vivimos la vida como deberíamos vivirla, una vida dedicada a disfrutar de este corto trance de la existencia; una vida dedicada a trabajar poco y a disfrutar de las ganancias adquiridas viajando por el mundo para conocer toda la redondez de nuestro planeta y no solamente el rincón donde nacemos; una vida dedicada a conocer las manifestaciones artísticas e intelectuales a lo largo de la historia y no solamente a conocer las ideas prosaicas de la gente común de nuestra localidad; una vida dedicada a amar y no a odiar, dedicada al conocimiento y no a la ignorancia, dedicada a construir y no a destruir, dedicada a la sabiduría y no a la estupidez.

domingo, 13 de enero de 2013

Reflexionando Sobre la Prudencia con el Sabio Eurípides


La sabiduría que Eurípides tiene de la humanidad es una sabiduría profunda ya que él vivió para pensar la conducta humana. Quiso conocer la naturaleza del Hombre y la contempló desde el retiro de su cueva en Salamina, donde vivió alejado del bullicio y escribiendo sus obras en el silencio frente a la inmensidad del mar.

En su obra las suplicantes pone en boca del heraldo, en diálogo con Teseo, las siguientes palabras: El hombre sensato sabe permanecer sosegado en el momento oportuno. Y en esto precisamente consiste la valentía, en ser prudente. Difícil enseñanza la del Sabio Maestro Eurípides. Difícil precisamente porque él sabe que es el ideal de Hombre al que debemos aspirar ya que somos todo lo contrario. "El Hombre sensato sabe permanecer sosegado en el momento oportuno", es decir el Hombre que piensa, que razona, que no se deja llevar por el impulso del instante, ni por el arrebato momentáneo es capaz de permanecer sereno, tranquilo, reposado, calmado en cualquier instante y ante cualquier situación, sobre todo en aquellas que se necesita el buen temple y no la sinrazón. Ante una acusación injusta, un despido inesperado, un hecho desafortunado, una situación calamitosa, se necesita que gobierne la razón y no el impulso irracional o los afectos. La razón es serena, sosegada, reposada y nos permite pensar con cabeza fría y con objetividad el problema o situación presente. En cambio el impulso es acelerado, inquieto, estruendoso y nos ciega ante el abanico de posibilidades que se presenta para resolver la situación. Recordemos la enseñanza de Epicteto, el estoico, quien nos dice que hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no dependen de nosotros. Si frente a una situación que se nos presenta, de nosotros depende la solución, pues se busca la solución y problema resuelto, pero si de nosotros no depende la solución, pues se debe aceptar la situación, porque de nosotros no depende y cualquier cosa que hagamos será inútil. Me echaron del trabajo y no puedo trabajar mas donde venía laborando, pues me voy y busco un nuevo empleo; mi pareja me dejó de querer y me pide que terminemos la relación, pues como en su corazón no mando yo, me alejo de ella y ya vendrá otro amor; muere un ser querido y cercano, pues ya no lo puedo revivir y acepto su muerte ya que la muerte hace parte de la existencia; me doy cuenta que tengo una enfermedad terminal, pues no soy dueño de la vida y la muerte es nuestro destino común, así puedo disfrutar mis últimos momentos de la existencia y alcanzo a despedirme de mis seres queridos y así..., con todo lo demás. Y nos enseña Eurípides, “en esto consiste la valentía, en ser prudente.” Ser valiente no consiste en ser vulgar, acelerado, impulsivo, ser valiente consiste, según Eurípides, en ser prudente. Es una nueva perspectiva de la valentía. No consiste en el ímpetu momentáneo, ni en el arrojo pendenciero, si no en la moderación de nuestras acciones. Valiente no es el que arremete si no el que controla, valiente no es el que azuza si no el que sofrena, valiente no es el que injuria si no el que respeta. La prudencia es señal de hombre inteligente que deja que la razón controle sus impulsos y controlar los impulsos y arrebatos del ánimo es símbolo de valentía.

Debemos reflexionar las enseñanzas de aquellos seres que vivieron en contemplación de la conducta humana y que descifraron lo que el Hombre es. Si hacemos el ejercicio de conocernos a nosotros mismos y razonamos a diario nuestras acciones mejoraremos como personas y no actuaremos de manera irracional que pueda perjudicar a otros o a nosotros mismos.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Reflexionando Sobre la Aflicción con el Sabio Job


El patriarca Job es parecido a los grandes filósofos griegos anteriores a Sócrates. No parece un ricachón dedicado a los negocios del campo sino un hombre dedicado a contemplar la naturaleza humana. El libro de Job es un manual de filosofía, si se quiere de filosofía estoica, en el que encontramos verdades supremas que enseñan a quien las lee.

En diálogo con su amigo Elifaz de Temán, este le dice: No, no brota la iniquidad del polvo, ni germina del suelo la aflicción. Es el Hombre quien la aflicción engendra, como levantan el vuelo los hijos del relámpago. (Job 5,6) ¿Qué nos dice el libro de Job? Que la aflicción es causada por los humanos. La aflicción no nace de la tierra, es decir no es algo que esté en el mundo. La aflicción nace en el corazón del Hombre. Existen los Hombres, existe la aflicción. No existen los Hombres, no existe la aflicción. Solo hay aflicción donde hay Hombres. ¿Qué es la aflicción? Aflicción es aquello que sucede y nos aflige, es decir nos causa malestar físico, angustia, tristeza o molestia. ¿Por qué algo que sucede nos puede afligir? Porque somos nosotros quienes le damos importancia a los sucesos del mundo. El ser humano es un ser complejo. La complejidad humana reside en su psiquis. Ahí, internamente, está el por qué unas situaciones son más angustiosas que otras. Algunas personas temen la oscuridad, otras no. Algunas personas sienten nerviosismo frente a un público, otras no. Cada quien afronta el mundo de manera distinta. Cada quien le da significado a los hechos del mundo desde su propia experiencia. El Hombre engendra la aflicción, es decir es él quien realiza actos que afligen a otros y es él quien se aflige por las cosas que ocurren, humanas o no. Quiere decir el libro de Job que en nosotros está no sentir aflicción o reducir este sentimiento a su mínima expresión. El Hombre está condenado a los hechos del mundo. Y no todos los hechos son felices. Debo aprender a vivir con los hechos tristes y trágicos. De mí depende angustiarme ante cualquier situación que acaece o de mi depende aceptar que las cosas pasan como parte del orden natural de la existencia. En mí está elegir cómo quiero vivir mi vida en el corto lapso de la existencia humana.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Reflexionando Sobre el Sufrimiento con el Sabio Eurípides

El Sabio Eurípides logró lo que pocos han logrado, retratar al Hombre tal como es. Contempló al ser humano y observó los detalles que nadie mas había visto y así pudo dejar un fiel retrato de lo que somos. Eurípides es el pintor de los afectos, el retratista del alma humana. Y, al ver lo que otros no, es reconocido como el padre de la psicología. Logró ahondar en los más profundos meandros de la psiquis humana.

En su obra Hipólito, ocurre algo que afecta la vida del protagonista. Su madrastra se enamora de él. Hipólito, joven virtuoso, la rechaza y ella se suicida y lo inculpa arguyendo violación. Finalmente llega la venganza del padre. Antes del suicidio, Fedra dialoga con su nodriza y ella le dice estas sabias palabras: Con calma y noble voluntad tolerarás mejor tu afección. Sufrir les resulta forzoso a los mortales. Una frase, del gran Eurípides, que se anticipa al estoicismo. Sufrir nos resulta forzoso. “La vida es sufrimiento”, reza la primera tesis del Budismo. Es un hecho, por existir, las afecciones hacen parte de nuestra vida. ¿Qué son las afecciones? Son aquellas cosas que pasan y que tienen que ver con nosotros. Algunas nos benefician, otras no. A diario vamos a presenciar afecciones ¿qué hacer frente a aquellas que nos afectan de manera fuerte? Aquello que nos afecta fuertemente, nos afecta precisamente porque en nuestra psiquis lo consideramos importante. ¿Por qué, a veces, lo que a otros afecta de manera fuerte a mí no me causa malestar? Precisamente porque para mí no es tan importante. Esto comprueba que las cosas no son graves o leves sino que yo las hago graves o leves de acuerdo a lo que pienso respecto de ellas. ¿Cómo pasar por la vida sin afectarme gravemente por los sucesos? Dice el sabio: con calma y buena voluntad toleraremos mejor nuestras afecciones. Lo que necesitamos es ejercitar nuestra paciencia. Anticiparnos de manera mental a las posibles situaciones que nos van a aquejar y estar ejercitando el reposo, la calma, para que cuando la afección llegue estemos preparados y actuemos de manera tranquila y aceptando la situación que, por ser humanos y estar vivos, es normal y siempre nos va a suceder.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Reflexionando Sobre la Muerte con el Sabio Epicteto

El Estoicismo es uno de los grandes descubrimientos de la humanidad y una de las mejores propuestas para una vida feliz. Su anhelo es la sabiduría, su búsqueda la serenidad. La vida humana es una batalla contra el infortunio, el estoicismo, la armadura que nos protege.

Epicteto, en su Manual de Vida o Enchiridion, nos regala un pensamiento que a ojos de muchos podría ser cruel y despiadado, pero a ojos de la razón es real, es objetivo, y la razón es el camino que nos conduce a la serenidad y a la sabiduría. Su pensamiento dice así: Recordemos, por ejemplo, que cuando abrazamos a nuestro hijo, nuestro esposo o esposa, estamos abrazando a un mortal. Así, si alguno de ellos hubiere de morir, lo soportaríamos con serenidad. ¡Sabio Maestro! Palabras duras, en apariencia crueles, pero reales. Es un hecho. Todos vamos a morir. ¡Todos! No solamente nosotros, sino  también aquellos a quienes amamos. Y, lo más probable, es que veamos morir a nuestros seres queridos. ¿Estamos preparados? ¿Cómo prepararnos? El estoicismo, en boca de Epicteto, nos da las claves: Cuando algo ocurre, lo único que está en nuestro poder es nuestra actitud hacia ese suceso; podemos aceptarlo o rechazarlo. Lo que realmente nos atemoriza y desconsuela no son los acontecimientos en sí mismos, sino la forma como pensamos en ellos... No podemos elegir nuestras circunstancias externas, pero siempre podemos elegir la forma como respondemos a ellas. Si somos conscientes de que hay hechos que son inevitables, aprenderemos a vivir con ellos. ¿Por qué frente a algunos hechos inevitables no nos atemorizamos? ¿Te da temor defecar en las mañanas? ¿Sientes temor de que tus seres queridos defequen? ¿Te da temor sentir hambre o que tus seres amados la sientan? ¿Sientes temor de dormir o que tu familia duerma? ¡No!, ¿cierto? Aquellas cosas son inevitables, pero vivimos con ellas cotidianamente y las aceptamos. La muerte es un proceso natural como natural es nacer, comer, dormir, respirar, enamorarnos o evacuar nuestra vejiga o nuestros intestinos. Si hacemos uso de la razón, herramienta que nos sugieren los Estoicos, trataremos de cambiar la manera como pensamos de aquellas cosas que nos entristecen o atemorizan y comenzaremos a verlas de manera diferente. No se trata de ser resignados ante todo. Únicamente ante lo inevitable. Frente a aquellas cosas que suceden y que está en mí poder darles un giro para que vayan a buen puerto, debo hacer lo posible para que ello ocurra. Pero ante lo inevitable, ni modo. Solo nos queda la serenidad del espíritu para vivir sin afectaciones graves que se salgan de control. La muerte ocurre. La mía, la de mis padres, la de mis hijos, la de mi cónyuge o mis amigos y debo verla como algo natural, que pasa, ha pasado y pasará. Y cuando ello ocurra, debo saber que pronto a mí me tocará y estaré igualmente yaciendo en la caja de madera, y, simplemente, dejaré de ser y me fundiré en la nada.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Reflexionando Sobre la Muerte con el Sabio Séneca

El Sabio Séneca, que hace reflexiones que alimentan el espíritu más que el intelecto, el que nos regocija en nuestro interior, nos enseña constantemente a no temer a la muerte. El no sintió temor en su momento final (como pocos grandes Hombres) y aplicó triple suicidio, por orden del emperador Nerón, (era la sentencia en la época) sabiendo que con uno bastaba.

En su tragedia Las Troyanas, por boca de Helena, dice: deseable muerte es morir sin temor de la muerte. ¡Qué gran Maestro! Tememos a la muerte, es un hecho. Eludimos su recuerdo en nuestras conversaciones. La evitamos en nuestro pensamiento y su sola mención nos aterroriza. Aun cuando alguien anciano está por irse, no lo aceptamos sabiendo que es natural que ocurra. ¡La muerte!, que tema tan difícil. Pero ahí están los Sabios para nutrirnos con su Sabiduría. En esta ocasión es Séneca, quien nos dice que es deseable morir sin temor de la muerte. ¿Deseable morir? Sí, ¡deseable morir! Y no es una invitación al suicidio. No. Es una reflexión sobre la vida y sobre la belleza de la existencia. Existe un proceso natural (biológico o fisicoquímico) que se llama vida. Y este proceso es finito, es decir tiene principio y final. Si nos ponemos a pensar, no somos conscientes de nuestro nacimiento y, si somos más profundos, tampoco de nuestra muerte, ¿o es que alguien es consciente del instante en que se queda dormido? Sabemos, cuando nos acostamos, que nos vamos a quedar dormidos, pero no sabemos el momento exacto en que ocurre. Y cuando estamos dormidos,  no sabemos que dormimos. Somos conscientes del acto de dormir antes y después, es decir en nuestro estado de vigilia. Lo mismo ocurre con la muerte. Somos conscientes de que va a ocurrir pero no sabemos en qué momento. Y cuando estemos muertos no vamos a saber que estamos muertos. El Sabio Epicuro, fundador del epicureísmo, enseñaba: “Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros, porque todo bien y todo mal residen en la sensación y la muerte es privación de los sentidos.

La muerte es el origen de nuestras reflexiones filosóficas y también de nuestras religiones. Hay quienes dicen que el fenómeno de la muerte es el origen de Dios. La muerte da nacimiento al arte y a la ciencia. ¿Qué decir del primer libro conocido por la humanidad, el poema de Gilgamesh? Es una entera reflexión sobre la muerte. Cuando los dioses crearon a los Hombres decretaron que estaban destinados a morir. Si somos creyentes del Dios de los cristianos, asumimos que la Biblia es escrita por Él y que en ella están sus enseñanzas. En el libro sapiencial Eclesiastés dice: Más vale ir a casa de luto que ir a casa de festín... El corazón de los sabios está en la casa de luto, mientras el corazón de los necios en la casa de alegría. (Es palabra de Dios). Sócrates, en la apología escrita por Platón, dice que quien teme la muerte se cree sabio sin serlo, porque nadie sabe que hay después de morir, la vida eterna o la nada, y ninguna debe ser temible. Y entre los Sabios modernos tenemos enormes ejemplos. Uno de ellos, el enorme Einstein, enfermo de una hemorragia interna, rechazó la cirugía diciendo: Quiero irme cuando quiero. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida. He hecho mi parte, es hora de irse. Yo lo haré con elegancia.Y murió a la edad de 76 años. Otro, el gigante Wittgenstein, enfermo de cáncer de próstata, rechazó el tratamiento y dijo a su médico que dijera a sus amigos: Diles que mi vida fue maravillosa. Y murió a la edad de  62 años. Ya en sus escritos había dicho: Así, pues, en la muerte el mundo no cambia, sino cesa... La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive.

Si hacemos el ejercicio estoico de pensar de manera distinta a como lo hacemos, y ver lo trágico como natural, comenzaremos a ver la muerte como una compañera permanente y como una sabia consejera para tomar decisiones importantes en nuestra vida. Aprendamos de los sabios a ver la muerte, la nuestra y la de nuestros seres queridos, como un proceso natural para que cuando lleguemos al momento final no temamos sino que aceptemos que nuestra vida tiene un principio y un fin. Y ante la inmanencia de la muerte apreciemos la belleza del instante.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Reflexionando Sobre el Acaecer del Mundo con el Sabio Espinosa

Spinoza, el místico filósofo, logra lo que muchos quieren alcanzar, comprender el mundo y nuestro lugar en él. Es, tal vez, el único que logra descifrar a Dios y, por descifrar a Dios, la incomprensión humana. Logra explicar en qué consiste ser un humano en la naturaleza y en el tiempo. Se adelantó a los conceptos psicoanalíticos de Freud y a los conceptos relativistas de Einstein. Se adelantó al tiempo.

En el capítulo XXXII del apéndice de la parte cuarta de su “Ética demostrada según el orden geométrico” dice: No tenemos la potestad absoluta de amoldar según nuestra conveniencia las cosas exteriores a nosotros. Esta frase es la esencia del estoicismo. Spinoza se nutrió de los antiguos estoicos y, por lo tanto, de Epicteto, quien, en su Enchiridion, dice algo similar: La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Parece ser que la idea de Epicteto se adapta a la época del racionalismo filosófico en boca de Spinoza. Ambos racionalistas, y desde la seguridad de la razón, nos dicen que no todo en este mundo depende de nosotros. Hay cosas que ocurren y que se encuentran lejos del alcance de nuestra voluntad. El consejo de ambos es que, frente a estas situaciones, debemos soportar con entereza lo acaecido. No todo depende de mí y las cosas que no dependen de mí ocurren a menudo, es la naturaleza que actúa sin consideración, ni misericordia por nosotros los humanos. En la naturaleza no existe lo que es bueno o malo. Las cosas ocurren y punto. Somos los humanos los que juzgamos si está bien o está mal el hecho que ocurre de acuerdo a como nos afecta o beneficia. Y aquellas cosas que ocurren y nos afectan nos hacen reaccionar de manera contraria a como deberíamos, según la razón. Estamos arrojados en el mundo y frente a los hechos que ocurren en él. La naturaleza es inclemente y la existencia, una batalla por la persistencia. Somos seres frágiles a nivel físico y psíquico. Nuestra fortaleza es la razón. Esta nos dice que frente a lo inevitable debemos estar preparados, porque ocurre, ha ocurrido y ocurrirá, y resignados, porque nada podemos hacer. ¿Qué es mejor, dejarnos destruir por el infortunio o disfrutar de la efímera existencia? Si actuamos y pensamos acorde a la razón, lo mejor es disfrutar de la existencia sin dejarnos dominar por el temor o la angustia frente a la inclemencia del azar. Recordemos al Sabio Job que, frente a las tragedias que tuvo que afrontar (la perdida de todo lo que poseía, incluyendo su familia), nos dejó la maravillosa frase: “¿Si aceptamos de Dios lo bueno, porqué no aceptamos también lo malo?”


Actuemos de manera racional. Tengamos presente que el mundo acaece y que los acontecimientos, simplemente, son. Que soy yo el que los juzga de acuerdo a mi pensamiento. Que si comienzo a pensar de forma diferente, simplemente seré un observador de los hechos y no alguien a quien los hechos afectan de manera brutal. Que el mundo no depende de mí, sino que soy yo quien depende del mundo. Que hago parte del mundo y del acontecer del mundo. Que soy un punto de la recta y que nunca podré abordar la totalidad de la recta (la recta es el tiempo). Que soy un instante en la eternidad. Que soy un grano de arena en el desierto, un segundo en el milenio, una gota de agua en el mar o un átomo en el universo. Que soy causa y soy efecto. Que soy parte del engranaje de la existencia. Que hago parte del todo.

domingo, 28 de octubre de 2012

Reflexionando Sobre Nuestras Acciones con el Sabio Marco Aurelio

El Estoicismo debería ser materia de conocimiento obligado para todos. Es un área de la filosofía que enseña cómo vivir mejor en un mundo en el que las calamidades ocurren como parte del orden natural. Lo mismo sucede con el Budismo y el Cristianismo. Si estas tres formas de vida se asumen de manera superficial se vulgarizan, pero si se asumen con la profundidad propia de ellas, son un complemento excelente para la vida.
El Estoico Marco Aurelio, practicante de la filosofía, enseña, en sus meditaciones, libro VIII, numeral dos, lo siguiente: En cada acción, pregúntate: ¿cómo es ésta respecto de mí? ¿No me arrepentiré después de hacerla? Esta frase nos enseña que debemos ser conscientes de nuestras acciones y nuestro accionar se da en cada instante, por tanto debemos ser conscientes del instante. La vida es una suma concatenada de instantes, algo así como el tiempo una suma constante de segundos o la luz un chorro permanente de fotones. Estructuralmente, el ser humano es libertad. Cada instante elegimos, cada segundo estamos actuando y nuestras acciones son elecciones hechas a partir de un abanico de posibilidades. La filosofía nos enseña que somos una amalgama de deseos, afectos y razón y que debe ser la razón la que debe guiar nuestras acciones y la que debe controlar nuestros deseos y sentimientos, que son impulsivos, es decir, la filosofía nos enseña que debemos escoger la racionalidad. Los instantes nos acechan, por tanto debemos estar alerta a cada instante. Debemos razonar de manera permanente. En cada momento debemos cuestionar si aquello que pensamos hacer nos va a afectar a nosotros o a los demás. No debemos actuar sin conciencia. No debemos actuar al primer impulso y luego arrepentirnos del daño que causamos. Debemos entrenar la razón para que en cada acto que pensamos ejercer sea ésta la que nos dicte si es un acto que vale la pena de ser realizado. La razón calcula posibilidades, el impulso no. La razón examina los componentes del acto, el impulso no. Por eso es mejor el acto racional que el acto impulsivo. Ser conscientes de nuestras acciones es ser racionales y ser racionales es optar por un mejor estilo de vida y una mejor relación conmigo y con los demás.

sábado, 27 de octubre de 2012

Reflexionando Sobre las Posesiones con el Sabio Job

El sabio Job, patriarca bíblico de alcances proféticos, podría ser considerado el precursor del estoicismo en el medio oriente. A pesar de haber sufrido tan grandes pérdidas, en un día perdió sus bueyes, asnos, ovejas, camellos, hijos y criados, su fe en Yahvéh se mantuvo firme.


Ante la noticia de semejante tragedia, Job no profiere una maldición ante la vida o el destino. Acepta todo aquello que ocurre mientras vive, y lo único que sale de sus labios es la hermosa y profunda frase: Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornare. (Job 1, 21). Desnudo nací, es decir que llegué a este mundo sin nada. No importa si soy hijo de un rey o del hombre más rico del mundo, nazco sin nada. A pesar de ser el futuro heredero a un trono, en el momento de nacer no soy consciente de ello. Y no solo a nivel económico o de propiedades materiales, sino también a nivel intelectual. Lo único con que llego al mundo es con mi carga genética, todo lo demás lo voy adquiriendo a medida que voy creciendo y viviendo. El ser humano es como un computador nuevo, viene programado con un paquete específico de programas pero los contenidos de los programas son accidentales, dependen del propietario del computador. Así, venimos programados para adquirir un lenguaje pero dependemos del idioma del país donde nos criemos, venimos programados para adquirir conocimiento pero depende de la cultura en la que vivimos y de las oportunidades de estudio que tengamos. Todo lo que adquirimos en la vida es accidental y así como llegó podría no haber llegado y podríamos ser totalmente diferentes, otro idioma, otros vestidos, otro conocimiento, otras ideas. Lo cierto es que, así seamos ricos herederos de un reino, poseedores de la máxima riqueza terrestre o los más brillantes intelectuales de la historia de la humanidad (científicos, artistas, escritores, pensadores), en el momento de nuestra muerte, en el momento del fin de nuestra existencia, a la tumba vamos sin nada. Nos vamos como llegamos, desnudos de objetos materiales o intelectuales.


Todo lo que poseemos en la vida es accidental y si asumimos ésta feliz accidentalidad (o triste, de acuerdo a nuestras oportunidades y forma de ver la vida) aprenderemos que lo que tenemos no es para siempre y soportaremos nuestras pérdidas con resignación. Si la vida nos dio la oportunidad de adquirirlo también nos puede dar la oportunidad de perderlo y debemos comprender que nacimos sin nada y al final cuando dejamos la existencia todo se queda. Desnudos nacimos, desnudos nos vamos.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Reflexionando Sobre los Impulsos con el Sabio Epicteto

A Epicteto le tocó en vida ser un esclavo. Aunque no lo sufrió mucho, ya que, en medio de su esclavitud, fue libre por la práctica filosófica. Posteriormente alcanzó la libertad y fundó su escuela a la que asistían numerosas personas. La historia lo considera uno de los grandes representantes del estoicismo romano o nuevo estoicismo, junto a Séneca y Marco Aurelio. Al igual que Sócrates, nunca escribió y sus enseñanzas se transmitieron para la posteridad gracias a su discípulo, el historiador Flavio Arriano.

En su Enchiridion o manual de vida nos dice: quienes subordinan la razón a los sentimientos del momento son realmente esclavos de sus deseos y aversiones. Nadie más, que alguien que ha sido esclavo, está autorizado a decir lo que es la esclavitud. Pero la esclavitud a la que se refiere el filósofo no es la esclavitud física sino que se refiere a la esclavitud mental. El gran estoico nos enseña que la razón debe estar por encima de nuestros deseos y aversiones.


Nuestros deseos y aversiones son aquellos sentimientos de atracción o repulsión que sentimos por las cosas. Ese impulso es lo que nos permite ser lo que somos y no solo está presente en los humanos sino en todo ser vivo con locomoción (al menos al nivel superior). Es lo que llamamos instinto de supervivencia. En el pasado, cuando buscábamos posicionarnos como especie, este era un impulso de vital importancia. Pero hoy en día, en una sociedad como la nuestra, esos ímpetus deben ser controlados. El maestro estoico nos enseña que la razón debe gobernar nuestros sentimientos. Debemos subordinar el deseo y la aversión a la razón y no al revés. Es decir que debemos reprimir las acciones que son causadas por el impulso momentáneo. Si nos permitimos actuar de acuerdo al sentimiento del momento estamos siendo guiados por el impulso de supervivencia, pero si nos tomamos un momento para mirar cual debe ser la acción correcta a seguir, estamos siendo racionales. Si nos dejamos llevar por los impulsos del momento, quiere decir que no estamos tomando decisiones, es decir que estamos siendo esclavos que no sabemos por qué lo hacemos. Pero si nos dejamos guiar por la razón vamos a actuar como hombres libres porque vamos a saber qué es lo que estamos haciendo. Si logramos que la racionalidad guíe nuestra vida lograremos vencer la esclavitud mental que es más dolorosa y profunda que la esclavitud física.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Reflexionando Sobre la Aflicción con el Sabio Marco Aurelio

Marco Aurelio es un personaje especial. Fue un emperador romano, un hombre de poder. Pero al mismo tiempo fue un filósofo que puso en práctica el estoicismo. Y por ser un filósofo emperador se convirtió en uno de los más queridos emperadores romanos. A lo largo de su vida escribió una serie de reflexiones en una especie de diario filosófico que se ha convertido en una joya del final del periodo estoico romano. En el libro VIII de sus meditaciones, meditación 47, dice: “Si te afliges por alguna causa externa, no es ella lo que te importuna, sino el juicio que tú haces de ella. Y borrar este juicio de ti depende”. Sabias palabras del estoico Marco Aurelio.

En nuestra cotidianidad suceden eventos que nos afectan y nos causan felicidad o tristeza. Pero, nos dice Marco Aurelio, lo que nos afecta no es el evento si no lo que pensamos de él. No son las cosas si no nuestro pensamiento sobre las cosas. El valor se lo agregamos nosotros a los sucesos. Una pérdida irreparable, un triunfo inesperado, un contratiempo eventual, son situaciones que, depende el tratamiento que les demos, se convierten en un suceso doloroso que nos afecta y nos lastima o en una situación para aprender y fortalecer nuestro carácter. El estoicismo nos enseña que hay situaciones que no dependen de nosotros y que lo único que podemos hacer frente a ellas es soportarlas con serenidad ya que hacen parte del entretejido de la existencia. La muerte, por ejemplo, nos asusta, pero frente al nacimiento de una nueva criatura nos alegramos y olvidamos que ambos eventos hacen parte del mismo fenómeno, el fenómeno de la vida. Cuando iniciamos un nuevo empleo nos sentimos congratulados pero olvidamos que lo que comienza tiene un final y que existe la posibilidad de perderlo y, llegado el momento, nos desesperamos creyendo que el mundo se nos viene encima.



Las diferentes situaciones de la vida las observamos bajo el lente de nuestro juicio. Lo que puedan significar depende de nosotros. El cómo nos queramos sentir frente a los sucesos que nos afectan es nuestra responsabilidad. El juicio con que valoremos los hechos es lo que nos hace sentir afectados. De nosotros depende transformar la manera como afrontamos la vida.

lunes, 30 de julio de 2012

Reflexionando Sobre el Sufrimiento con el Sabio Homero



Homero, el griego, el primer escritor conocido en la historia de occidente, el autor de los eternos poemas Ilíada y Odisea, el padre de la cultura occidental, nuestro Homero, nos deja, en la rapsodia I renglón 586 de la inmortal Ilíada, un verso, que podría ser tal vez la primer idea estoica en la historia, acerca de la actitud que debemos tener frente al dolor que nos aflige. En efecto, Hera, la diosa olímpica, esposa de Zeus, acaba de discutir con su esposo, el primero entre los dioses, el más poderoso del Olimpo, y su hijo Hefesto, dios del fuego, la ve afligida y le dice: “sufre, madre mía, y sopórtalo todo aunque estés afligida; que a ti, tan querida, no te vean mis ojos apaleada, sin que pueda socorrerte, porqué es difícil contrarrestar al Olímpico.” Esta frase queda para la posteridad como una enseñanza del Sabio griego sobre la actitud que debemos adoptar los humanos ante los males que nos afligen: Sufrir y soportar. Frente a las situaciones que nos afectan y que no dependen de nosotros porque no podemos contrarrestar al destino o al azar, o según Homero, al Olímpico ¿qué debemos hacer? Hasta los dioses deben soportar aquello que los aflige y que no tiene solución. Es inevitable la muerte, la nuestra, pero sobre todo la de un ser querido, como inevitable es una catástrofe natural que destruya nuestra casa o se lleve muchas vidas, como inevitable es que nuestro ser amado deje de amarnos sin una justificación, como inevitable es que perdamos algo que nos costó esfuerzo conseguir, como inevitable es no lograr conquistar aquello que teníamos por meta… La lista es larga y cada uno de nosotros puede continuarla o adaptarla a su experiencia personal. ¿Qué me aflige? ¿Cuál es la actitud que asumo frente a esta situación?


Algunas personas optan por una vida desordenada, vicios, licor y mujeres, otros optan por el descontrol nervioso, otros por el llanto y la angustia perpetua, otros por maldecir a Dios y otros por el suicidio. Pero la enseñanza de los dioses, conocedores de lo humano, por medio de la palabra Homérica, es la de soportar el sufrimiento. Como seres humanos estamos obligados a sufrir. Es un hecho. La vida humana se compone, entre otras cosas de sufrimiento. Y debemos aprender a soportarlo. El sufrimiento pasa, cualquiera que sea el motivo que lo causa. Debemos saberlo para que cuando nos llegue sepamos cómo actuar. Se sufre y hay que aprender a sufrir, no como los masoquistas que buscan el sufrimiento por el placer que les causa, si no como el sabio que soporta los dolores porque sabe que hacen parte de nuestra vida y que el tiempo los va disminuyendo hasta que se convierten en un recuerdo. No podemos evitar el sufrimiento pero si podemos mitigarlo, ¿cómo? Sufriendo y soportándolo aunque nos hallemos afligidos.